¿Es igual que si insultaran a un hombre?. No, no lo es. Es a nosotras a quienes históricamente nos han denostado, subestimado, maltratado. Mirado obscenamente, acosadas, cuestionadas por transgredir lo que el modelo nos exige.
Siempre estamos en desventaja. Incluso las más lúcidas celebran cuando un medio nos dedica un especial el 8 de marzo. Somos invitadas a la vida pública, invitadas con apariencia de residentes, pero nos sabemos invitadas. Las decisiones se siguen tomando en un mesa de hombres que sin pudor se fotografía sin distinguir que allí falta alguien: nosotras, las mujeres.
Así y todo seguimos dando una pelea, que fácil no es.
Las tasas de femicidios, violencia y acoso siguen en un pantano estadísticos sin mostrar lo que verdaderamente nos pasa. Estamos a cargo de todo, sobrepasadas por el trabajo y el cuidado de niños, niñas y viejos. El 40% de los hogares son monoparentales y de ese porcentaje la mayoría está a cargo de mujeres. Sí, hay hombres que comparten las responsabilidades pero son más los que desde su sitial histórico se ufanan porque “ayudan”. Hoy la portada de un diario nos informa que la participación de las mujeres en el mercado laboral retrocedió 10 años.
No, Sr. Escobar, no acepto sus disculpas, porque usted lo ha tenido todo, desde educación hasta espacio en un medio de comunicación masivo. Los privilegios obligan, por lo menos, a tener conciencia de éstos y a medir las repercusiones que podía tener su tan desafortunada columna de opinión.
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