"El mundo se me encogió" Escuché esta frase en una serie, dicha por una mujer mayor, víctima de una agresión sexual. Pero, desde entonces, me ha hecho reflexionar sobre cómo, para las personas mayores, el mundo —ese que han construido y vivido— comienza a encogerse. No solo por las limitaciones físicas que trae la edad o alguna enfermedad que reduzca la movilidad, sino también porque muchos dejan de trabajar. Y con ello, pierden ese “otro” mundo: el espacio profesional o social que es distinto al ámbito íntimo, compuesto por la familia o las amistades más cercanas. Cuando el trabajo desaparece, se evapora también ese lugar que nos proporcionaba estrés, sí, pero también estímulos: las conversaciones de pasillo, el intercambio de ideas, el contacto con formas de pensar y vivir diferentes. Las anécdotas que llevábamos a casa, pequeñas historias que, aunque mundanas, llenaban la rutina hogareña de vida. Porque sabemos bien que, sin esos escapes, la monotonía puede volverse leta...
Soy Vivi González, cofundadora de Conversas y de Meno es + en Spotify