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16 de septiembre

Hoy me imaginé donde me gustaría estar en 20 años más. Me imaginé una cocina con ollas hirviendo, horno prendido y yo rellenando una torta de mil hojas que coronaría una mesa preciosa, llenas de cosas preparadas en casa. Quizás en 20 más, nadie se atreva a preparar un asado pero sí una parrilla de verduras de colores cosechadas de nuestras huertas. No una sino varias que año tras año habría aprendido a cultivar leyendo los climas hostiles que nos deparan el futuro.

Me imaginé ordenando cuartos y repartiendo olores. A la mañana siguientes llegarían hijas, amigas y nietas y por fin, por fin, estas fiestas me llenarían de esperanza y no de pena. 

Caminaría lento, habría mucha gente sonriendo porque al día siguiente la casa estaría llena de mujeres riendo y queriéndose.  Pauli se pasearía por un jardín desordenado recogiendo flores para hacer arreglos que dejaría como recuerdo del magnífico fin de semana. No habría finales de película, de esas en que siempre se esconde un secreto. Acá no se esconde nada, porque ya me olvidé hasta de los secretos.

Yo, con 20 más, les esperaría en un portón ansiosa, en el mismo portón las despediría sabiendo que no importa morirse si éste es el último recuerdo.

( ¿ Por qué antes este fue un sueño posible y hoy creo que es imposible? )

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