Hace unos meses me di cuenta que nuestra perra Ofelia de 14 años estaba completamente sorda. Desde ese día la empatía que siento por ella cambió. Me da terror que salga rajada de la casa y la atropellen. La cuido más.
Hace una semana y por una casualidad médica, a mi marido le diagnosticaron hipertensión. Tendrá que tomar un medicamento a diario.
El domingo salí al supermercado con las llaves de la casa y según yo, llegué sin ellas. Aparecieron el lunes en un bolsillo de mi chaqueta.
Hoy, en mi caminata diaria, me encontré con una vecina que barría la calle, se le cayó la pala y le costaba recogerla. Lo hice por ella.
Estoy a días de cumplir 60 años y como nunca antes, este aniversario, me impacta, me conmueve, me tiene llena de preguntas:
¿Cómo pasó la vida tan rápido?, ¿Planifique algo de lo que pasará de ahora en adelante?. Si no hubiese renunciado a las pegas que me aburrieron y en cambio, hubiese permanecido años en un lugar, estaría a punto de recibir un homenaje y probablemente algún generoso incentivo al retiro?.
No tengo respuestas para esas preguntas. Para otras sí.
¿Qué hice en todos estos años? muchas pero muchas cosas, la más importante construir una familia y todo lo que eso implica. ¿Una carrera? No sé bien a qué se refiere esa expresión. Trabajé incansablemente durante demasiados años, trabajo a escala humana desde los últimos 6. Tengo un matrimonio de 36 años y una hija de 32. Nos queremos y no es tan obvio que las familias se quieran. Somos testigos y cómplices de nuestras vidas. Es lindo eso.
No siento que tengo ningún deterioro, aún, pero le tengo miedo a todos.
Tener amigas jóvenes es muy bueno pero no puedo esperar que entiendan mi momento vital. Las contemporáneas en cambio, sí lo entienden pero con las diferencias propias de la biografía de cada una. Están las que enloquecieron de felicidad ante la llegada de los niet@s, hay otras que emprendieron más estudios, otras se reinventaron. Todo mi respeto para ellas en las diferencias que tenemos. No tengo niet@s, ni sé si los tendré. Y todo bien con eso. Con mis amigas-hermanas emprendí una causa y escribimos un libro. Miro la portada de ese libro, cada vez que siento que no he logrado mucho en la vida. Tal vez exagero pero exagerar es lo mío.
Un temor se cierne callado e impronunciable en voz alta: una vejez solitaria, demente y pobre. Y para este temor no hay respuestas ni certezas. Ya no hay.
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