Escribir otro libreto
En Chile, solo 14 de cada 100 personas dicen esperar con ganas la vejez. El resto prefiere mirar hacia otro lado, como si los años que vienen fueran un abismo. Así lo revela el estudio Actitudes ante el envejecimiento 2025 de Ipsos, donde nuestro país se ubica entre los menos entusiastas del planeta frente a esta etapa de la vida.No es casualidad. En Chile creemos que la “vejez” empieza a los 64 años, dos años antes del promedio global, y vivimos como si a partir de ahí la vida fuese cuesta abajo. La esperanza de vida aquí ronda los 79 años, lo que deja unos 15 años en ese territorio que llamamos “vejez”, pero que, para la mayoría, no está asociado a proyectos, derechos o disfrute, sino a enfermedades, soledad y, sobre todo, a inseguridad económica.
Nuestra mirada productivista de la existencia –donde vales lo que produces y produces mientras eres joven– deja poco espacio para imaginar una vida plena en la adultez.
Las políticas de envejecimiento activo existen, pero muchas veces no logran permear una cultura marcada por el edadismo, esa discriminación silenciosa que te empieza a borrar antes de que llegues a jubilarte.
Mientras tanto, otros países han retrasado la idea de cuándo empieza la vejez y la llenan de nuevos significados: aprender, emprender, crear, viajar. Aquí, seguimos atrapados en un guión de etapas rígidas: estudiar a los 20, trabajar a los 30, jubilar a los 60 y “esperar” después.
Quizás sea hora de escribir otro libreto. No para negar el paso del tiempo, sino para asumirlo con dignidad y derechos. Porque la vejez no debería ser una condena ni un estigma: es una parte de la vida, y como tal, merece ser vivida, no temida.
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