Quiz谩s esta es la columna N潞 10 que leas sobre esto pero cada una con su cada una porque para m铆 Diane Keaton nunca fue una actriz com煤n. No solo porque construy贸 algunos de los personajes m谩s memorables del cine, sino porque encarn贸 una forma distinta —y profundamente libre— ser mujer en Hollywood. En una industria que premia la juventud y castiga las arrugas, ella eligi贸 envejecer sin pedir disculpas.
No se cas贸. Adopt贸 dos hijos siendo adulta. No sigui贸 el guion que se esperaba de una actriz exitosa, ni en la pantalla ni fuera de ella. Su elegancia inconfundible —esos trajes, sombreros y cuellos altos que hicieron historia— fue una declaraci贸n pol铆tica mucho antes de que la moda se usara para decir algo.
Diane Keaton fue, sin proclamarlo, una feminista intuitiva: sofisticada, original, divertida, profundamente coherente.
Pero lo que m谩s conmueve es su constancia. A los 79 a帽os, mientras muchas mujeres son empujadas a la invisibilidad, ella grababa su primer villancico, segu铆a actuando y ri茅ndose de s铆 misma. En un mundo que asocia talento con juventud, Diane Keaton nos record贸 que la creaci贸n no tiene fecha de vencimiento.
Extra帽aremos a Diane Keaton no solo por Annie Hall, Something’s Gotta Give o The Godfather, sino por su coraje para no detenerse. Porque nos ense帽贸 que la elegancia tambi茅n puede ser resistencia, que la edad no resta belleza ni deseo, y que vivir con humor y autenticidad es una forma de arte.
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