La neblina mental: cuando el cerebro entra en menopausia.
Olvidar una palabra en medio de una presentación, perder el hilo de una conversación o sentir que la concentración se escurre como agua entre los dedos. Para muchas mujeres, el climaterio trae consigo esta experiencia conocida como neblina mental. Y lo que la cultura patriarcal tantas veces tradujo en “pérdida de valor” o “incipiente demencia”, la ciencia lo reconoce como un fenómeno biológico asociado a la disminución de estrógenos durante la menopausia.
Ese impacto hormonal no se limita al cuerpo: también modifica la forma en que la memoria y la atención funcionan. El término "brain fog" nació en el siglo XIX del médico británico que describía la mente de las mujeres como “nublada”. Desde entonces, poco ha cambiado en la manera en que esta vivencia se interpreta: sigue estando rodeada de silencios, estigmas y sospechas.
Lo cierto es que no se trata de un síntoma menor. Afecta la seguridad con la que se enfrentan reuniones, decisiones y conversaciones cotidianas. Y en un mundo que mide la productividad como valor central, cualquier pausa cognitiva se convierte en un peso adicional. Se exige a las mujeres rendir al mismo nivel, sin reconocer que sus cuerpos y cerebros transitan procesos naturales.
En lugar de reducirlo a anécdota, chiste o vergüenza, es urgente nombrarlo y ponerlo en conversación. Porque darle un nombre es reconocer que no es un fallo individual, sino una experiencia compartida. Y porque al nombrarlo también se abre la puerta a la información, al acompañamiento médico y, sobre todo, a miradas menos culpabilizadoras.
La neblina mental no es un signo de debilidad ni un anticipo de enfermedad. Es parte de una transición vital que, como tantas otras, ha sido invisibilizada. Reconocerla colectivamente significa restituir dignidad a quienes la viven y disputar un relato histórico que ha reducido la menopausia a decadencia.
No nos sorprende que el último capítulo del podcast Meno es +, dedicado a la memoria, haya generado tanto interés entre sus seguidoras. Hablar de neblina mental es también hablar de justicia: porque lo que se nombra existe, y lo que existe debería dejar de ser motivo de vergüenza.
Poner la menopausia y sus efectos en el centro de la conversación pública es, en sí mismo, un acto feminista. Es desafiar siglos de silencio, desmontar la idea de que envejecer es desaparecer, y afirmar que la experiencia de las mujeres no solo merece respeto: merece ser escuchada, investigada y valorada.
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