El escritor estadounidense Paul Bowles decía que hay una diferencia esencial entre el turista y el viajero: el turista se apura por volver a casa, mientras que el viajero no pertenece del todo a un solo lugar y se mueve lentamente, sin pensar demasiado en el regreso.
Me reconozco en esa distinción, por años he estado del lado del turista. Siempre quiero volver a mi cama, a mis libros, a mi jardín. Viajar, sí, pero con retorno asegurado; moverme, pero sin perder del todo el eje de lo conocido.
El fin de semana pasado, sin embargo, algo se removió. Con mi amiga Pauli fuimos al Desierto Florido, ese espectáculo natural que no se repite todos los años y que, cuando ocurre, parece un milagro.
El fenómeno depende de condiciones excepcionales: lluvias invernales, suficiente humedad y, a veces, del fenómeno de El Niño, que calienta las aguas del Pacífico y hace posible que las semillas dormidas bajo la arena despierten. Solo entonces el desierto más árido del mundo se cubre de flores.
Miles de semillas que esperaron años bajo tierra germinan de pronto, tiñendo el paisaje de lilas, blancos y amarillos. Es un acto de paciencia y de confianza: saber esperar el momento propicio para florecer.
Fuimos a estar entre esas flores que solo se atreven cuando el clima y la vida se lo permiten. No pensé en la cama que me esperaba, ni en los pendientes del lunes, ni en lo que vendría después. Solo miré.
Y en ese gesto —tan simple y tan difícil— entendí lo que decía Bowles: el viajero no se apura, no colecciona paisajes, se deja transformar por ellos.
Quizás en los tiempos que vienen, del país, del mundo de nuestra vida laboral, nos convenga ser más viajeros que turistas. Menos preocupados por el regreso y más dispuestos a dejarse llevar, a caminar sin rumbo fijo, a confiar en que algo florecerá cuando tenga que hacerlo.
Ser viajero, al final, puede no tener nada que ver con la distancia recorrida, sino con la manera de mirar. Y tal vez ese sea el verdadero viaje: dejar que el camino nos lleve, sin tanto plan, sin tanto control, sin tanto miedo a volver distintos.
Comentarios
Publicar un comentario