“Decirle innecesario es imperdonable”, dice uno de los protagonistas de Parque Lezama: León Schwartz y Antonio Cardozo interpretados por Luis Brandoni y Eduardo Blanco respectivamente.La escena muestra un momento para mí devastador, por algo me quedó pegada la frase.
Un hombre joven debe informarle al técnico de la caldera de un edificio, Antonio Cardozo, que el sistema será reemplazado por uno más moderno. Con ese cambio, su trabajo deja de existir.
El joven cumple la tarea con evidente incomodidad. Como si supiera que lo que está diciendo es miserable pero está mandatado para aquello.
Luego agrega algo más: La pequeña pieza que el técnico ocupa en el edificio también desaparecerá. En ese lugar construirán un jardín de invierno.
Es decir: no solo pierde el trabajo. También pierde el lugar donde vive.
¿Tendrá que detenerse la modernización de algunas cosas para que un anciano conserve su trabajo? Obviamente no. Las sociedades cambian. Las tecnologías avanzan. Muchos oficios desaparecen. Nada de eso es nuevo.
Pero hay algo que debería seguir siendo evidente: ninguna persona es innecesaria.
Ese hombre mayor puede seguir trabajando, si quiere y puede, de muchas maneras. Lo que no corresponde nunca es reducir a alguien a la condición de pieza descartable.
Una cosa es que cambien las máquinas. Otra muy distinta es decidir que alguien sobra.
Las personas no se vuelven innecesarias con la edad. Lo que a veces envejece mal es la mirada que tenemos hacia los viejos.
Las personas no se vuelven innecesarias con la edad. Lo que a veces envejece mal es la mirada que tenemos hacia los viejos.
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