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Y, como suele pasar con las buenas historias, algo me hizo un click distinto a las veces anteriores.

Siempre la hab铆a le铆do como una pel铆cula sobre el paso del tiempo, el amor largo y la maravillosa actuaci贸n de mis favoritos: Diane Keaton y Morgan Freeman. Pero ahora la miro desde otro lugar: la ciudad.

No son solo cinco pisos sin ascensor.

No es solo una pareja evaluando si mudarse o no.

Es la pregunta silenciosa que instala el entorno: ¿Qui茅n tiene derecho a seguir habitando la ciudad cuando envejece?

Puede ser Brooklyn.

Pero tambi茅n puede ser 脩u帽oa que se densifica, barrio Yungay, Palermo, San Miguel, o incluso Punta Arenas donde el clima y la distancia ya imponen otras barreras.

Barrios que cambian. Que se encarecen. Que se “renuevan”.

Y en ese proceso, quienes han vivido all铆 d茅cadas comienzan a ser le铆dos como parte del paisaje antiguo.

No porque est茅n inactivos.

No porque hayan perdido capacidad de decidir.

Sino porque la narrativa urbana privilegia lo nuevo, lo r谩pido, lo rentable.

+ El edadismo no es solo laboral.

+ No es solo cultural.

Tambi茅n es urbano.

Se expresa cuando asumimos que la mejor decisi贸n para alguien mayor es “algo m谩s c贸modo”.

Cuando hablamos de accesibilidad solo como limitaci贸n y no como derecho. Cuando el mercado inmobiliario redefine pertenencias sin preguntarse por las trayectorias de vida que habitan esos metros cuadrados.

En la pel铆cula, quedarse no es romanticismo.

Es identidad.

Es memoria compartida.

Es el derecho a seguir siendo parte del presente.

Envejecer no puede ser desaparecer.

Desaparecer ocurre cuando otros empiezan a decidir que tu tiempo en el espacio p煤blico ya termin贸.

Las ciudades hablan.

La pregunta es si estamos construyendo ciudades intergeneracionales o ciudades que empujan suavemente a las personas mayores hacia la periferia —f铆sica y simb贸lica—.

El debate sobre envejecimiento tambi茅n se juega en el metro en hora punta, en las escaleras sin ascensor, en el precio del arriendo, en el dise帽o de los barrios.

Y quiz谩s ah铆 tenemos una conversaci贸n pendiente.

PD: en el libro Meno es + escrib铆 un peque帽o testimonio sobre el cambio de barrio de mi madre


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