Cuando éramos jóvenes, mis amigas y yo pensábamos que la verdadera independencia era la económica. Tener plata propia, no depender de un hombre, poder irse si había que irse. De eso sí nos hablaron, De la otra independencia, nadie dijo nada. La independencia del cuerpo. No el cuerpo imagen, ese que había que mantener joven y delgado, del que ya se habló demasiado, sino el cuerpo que te permite levantarte de una silla sin ayuda. Subir una escalera. Abrir un frasco. Entrar sola a la ducha. Hace un tiempo escuché a una mujer en una entrevista del podcast Menos es + decir que hacía ejercicios de fuerza no para verse bien, sino para poder seguir bajándose los pantalones e ir sola al baño cuando fuera vieja. Me quedé pensando: ¿por qué nadie me dijo esto a los cuarenta? Esta información no circulaba. No estaba en el consultorio, ni en la sobremesa, ni en ninguna parte donde una mujer de treinta y tantos pudiera toparse con ella. Estábamos, además, ocupadas: trabajando, criando, sosteniendo....
Soy Vivi González, cofundadora de Conversas y de Meno es + en Spotify