Hoy conversaba con una brillante abogada de mi oficina. Joven, preparada, aguda. En medio de la conversación me contó una anécdota que, confieso, me dejó pensando desde otro lugar: muchas veces evita decir que tiene 30 años porque ha sido discriminada por ser “demasiado joven”. Porque no le creen. Porque asumen falta de experiencia. Porque su opinión pesa menos. Yo suelo moverme —y escribir— desde otro lugar. Me remueve la discriminación hacia las personas mayores, hacia quienes pasan cierta edad y comienzan a volverse invisibles, prescindibles, incómodos; una inquietud que no es del todo ajena, porque el paso del tiempo también me interpela y remueve miedos propios. Para un sistema que idolatra la novedad, la rapidez y la productividad constante, la edad se vuelve un problema, algo que estorba, que incomoda, que hay que esconder. A unos se les dice que “ya no están para esto”. A otros, que “todavía no”. A unos, que ya dieron lo que tenían que dar. A otros, que aún no tienen nada que...
Gonzalito NO puede ser q nadie te haya enseñado a andar en bicicleta!!! jajaja no pensé q alguien no supiera... muy tierna la feño!
ResponderEliminarMis padres eran viejitos (para la época) y muy aprensivos, ergo, lo que más me enseñaron era ser buena mujer y leer, pero mucho. jjjj
ResponderEliminarviviiii...la raja :D sobre todo porque vivo una situación similar con mi pololo, sus papás tb eran viejos cuando nació y nadie le enseño a andar en bicicleta, también fue muy fomentada la lectura en su caso...y lo de buen hombre x supuesto XD. Ahora tiene miedo de caerse y esas cosas...pero sigo intentando que me deje enseñarle :D
ResponderEliminarFELICIDADES!!!!